miércoles, 27 de enero de 2010

Beach House - Walk in the park.






Imagine.


Cierra los ojos e imagina que tienes delante a la persona que más hayas deseado jamás.
Sólo cierralos y sitúate justo delante de ella, cerca, muy cerca, tanto que sólo te sea posible respirar su aliento, pero a la distancia justa para no tocarla todavía. Tan cerca que si la miras sólo puedas ver sus ojos, clavados en los tuyos, aferrándose a tus pupilas como si la vida de las suyas pendiera del más raído de los hilos. Mírala, mírala de forma que tus ojos se conviertan en tus labios por unos minutos, mírala y díselo todo sin abrir la boca, desnúdala sin mover ni un músculo, bésala sin acercar tus labios a los suyos, simplemente haz que desee fervientemente cada una de las cosas que está viendo en tu mirada.
Acércate. Pega tu nariz a la suya sin apartar la vista de los ojos que hace rato se mueren por que lo hagas. Abre la boca. Deja que tu aliento se funda con el suyo, recorre cada parte de su rostro con la punta de tu nariz, haz que el calor de tu boca acaricie hasta el último centímetro. Respírala, siéntela, haz que su respiración se acelere hasta que tengas la certeza de que en ese momento dejaría su vida en tus manos sólo por que tus labios rozasen los suyos, hazlo hasta que sientas que es sólo tuya.
Ahora puedes besarla. Puedes dejar que tus labios entren en contacto con los suyos, que jueguen al escondite, haz que te busque, vuelve a clavar tus pupilas en llamas en sus ya devastados por el incendio que provocó tu calor en los suyos y bésala. Bésala como si fuera la úlima cosa que fueras a hacer en tu vida, bésala como si supieras que besarla es todo cuanto puedes hacer, bésala como si hubieras nacido sólo para ese beso. Estréchala entre tus brazos y deja tu mente en blanco, tu cuerpo ha dejado de funcionar, sólo eres dueño de tu lengua, que acaba de derretirse en la suya para reducirse a una.
No dejes de besarla, actúa como si tu pasión fuera su oxígeno y tu calor lo único que la mantiene viva. Recorre su torso con tus manos y acaríciale la espalda, haz que tus dedos traspasen la barrera infranqueable de su camiseta y recorran suavemente su espina dorsal de abajo arriba, siente como su piel persigue tus yemas hasta que te parezca escuchar que sus ropas te suplican que las arranques y hazlo. Desnúdala despacio, sin dejar espacio entre ambos, sin alejarte ni un milímetro. Y deja que haga lo mismo contigo, seguramente doble tu velocidad.
Vuelve a tomar las riendas. Vuelve a estrecharla entre tus brazos. Pégate tanto a ella que tengas la sensación de haber conseguido fundir tu piel con la suya y muérdele el cuello. Cierra los ojos y muérdela hasta que notes que sus piernas tiemblen hasta decir basta y justo entonces coge su mano y llévala a un lugar que te resulte cómodo.
Siéntate a su lado y haz que se tumbe mientras vuelves a besarla. Lleva tu mano a su cuello y deja que ésta campe a sus anchas por todo su cuerpo, despacio, muy despacio. Acaríciala, bésala, en este momento no existis más que ambos. Déjate llevar por tus instintos y haz que tus deseos se apoderen de tu mente.
Deja que tus dedos fluyan, deja que materialicen cada una de las cosas que pasan por tu cabeza y haz que muera.
Haz que muera por que tus manos dejen de acariciar su cuerpo y se dediquen en exclusiva a su sexo y justo cuando intente tomar el mando frénala. Sonríe, el mundo es tuyo.
Sitúate encima de ella y besa cada milímetro de su piel, muerde, toca. Y lame.
Tu lengua vuelve a ser todo cuanto tienes. Recorre con ella cada parte de su sexo con tal precisión que el extremo de ésta se convierta en el tuyo y seas capaz de sentir el placer que estás proporcionando y vuelve a besarla mientras pones todas tus fuerzas en llegar a lo más profundo de su ser, tan enérgicamente que te parezca un mundo nuevo.
A lo bestia. No dejes de besar cualquier parte de su cuerpo mientras empleas hasta tu último aliento y mírala, mírala a los ojos y olvidalo todo. Siente todo lo que has provocado, recibe todo cuanto le has dado y redefine el concepto de placer.
Dalo todo. Sácalo. Respira. La perfección existe.

Duérmete.






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